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5G: así funciona la red que va a conectar todo

Cuando decimos «5G» casi todo el mundo piensa en que el móvil baja vídeos más rápido. Es verdad, pero es solo una parte de la historia. La quinta generación de redes móviles fue diseñada desde cero con tres grandes familias de servicios en mente, y para entenderla hay que mirar no solo la velocidad, sino el espectro, las antenas y una arquitectura de red que ya no se parece a la de los teléfonos de antes.

Más que velocidad: los tres grandes casos de uso

El estándar 5G, definido por el 3GPP (el organismo que coordina la evolución de las redes móviles), organiza sus objetivos en tres bloques que se llaman eMBB, URLLC y mMTC. La nomenclatura parece jerga de ingenieros, pero cada sigla responde a un problema distinto.

eMBB (Enhanced Mobile Broadband, banda ancha móvil mejorada) es el que conocemos: más velocidad de descarga y más capacidad para transmitir datos, pensado para vídeo en alta resolución y realidad aumentada. URLLC (Ultra-Reliable Low-Latency Communications) apunta a comunicaciones de latencia ultrabaja y altísima fiabilidad: el terreno del coche autónomo, la cirugía remota o la automatización industrial, donde un retardo de milisegundos puede marcar la diferencia. Y mMTC (massive Machine Type Communications) es la parte menos vistosa pero más numerosa: conectar millones de sensores y dispositivos de bajo consumo, el corazón del internet de las cosas.

Una sola red que tiene que servir a la vez a un televisor en 8K, a un robot quirúrgico y a una flota de contadores inteligentes. Eso obligó a rediseñar cada capa.

El espectro: de las bandas bajas a las ondas milimétricas

Todo lo que se transmite por el aire viaja en ondas de radio, y cada servicio tiene asignada una porción del espectro electromagnético. La gran novedad del 5G es que puede trabajar en un rango mucho más amplio que el 4G, y según la frecuencia que use, la red se comporta de forma muy distinta.

En las bandas bajas (por debajo de 1 GHz) la cobertura es enorme y las ondas atraviesan paredes sin problema, pero la capacidad es limitada. En las bandas medias (en torno a 3,5 GHz, las que usan la mayoría de despliegues urbanos) hay un equilibrio razonable entre cobertura y velocidad. Y en las ondas milimétricas o mmWave (por encima de 24 GHz) la capacidad es brutal, pero las ondas apenas atraviesan obstáculos: un cristal o incluso la lluvia puede degradar la señal. Por eso una red 5G real suele combinar varias bandas y dejar que el dispositivo elija la más adecuada en cada momento.

OFDM: el reparto del espectro

Para aprovechar el espectro, el 5G utiliza una técnica llamada OFDM (Orthogonal Frequency Division Multiplexing), la multiplexación por división de frecuencias ortogonales. Es más sencillo de lo que suena: en lugar de enviar los datos en una única ráfaga, el espectro disponible se divide en miles de subportadoras muy finas y los datos se reparten entre todas ellas a la vez, en paralelo.

Esa «ortogonalidad» (las subportadoras están matemáticamente diseñadas para no interferir entre sí) permite empaquetar muchísima información en el mismo trozo de espectro. Además, la red puede asignar más subportadoras a los usuarios que más las necesitan en cada instante, y hacerlo en fracciones de milisegundo.

MIMO masivo y beamforming: antenas que «apuntan»

Otra de las grandes diferencias está en la antena. El 4G usaba unas pocas antenas por sector; el 5G usa MIMO masivo (Multiple-Input Multiple-Output), arrays con decenas o cientos de elementos radiantes trabajando juntos. Al combinar tantas señales, la estación base puede enviar múltiples flujos de datos al mismo tiempo al mismo dispositivo, multiplicando la velocidad.

A ese array se le aplica además beamforming (conformación de haz): en lugar de emitir la señal en todas direcciones como un foco a secas, la estación calcula, con la información que recibe de cada dispositivo, hacia dónde apuntar un haz de energía concentrada. Es como pasar de una bombilla a un puntero láser: la señal llega más lejos y con más calidad, y como cada haz se puede dirigir hacia un usuario distinto, el mismo espacio físico da servicio a mucha más gente.

La arquitectura: NSA, SA y el núcleo de nueva generación

El 5G no es solo cuestión de radio. La red de transporte también cambió. Los primeros despliegues usaron el modo NSA (Non-Standalone), donde la nueva radio 5G se apoya en el núcleo de red del 4G para no tener que montar toda la infraestructura de golpe. El paso siguiente es el modo SA (Standalone), con un núcleo 5G propio, necesario para explotar todas las promesas de latencia y segmentación.

Ese núcleo, llamado 5GC (5G Core), abandona en gran parte los equipos físicos dedicados y se construye sobre funciones de software virtualizadas, separadas en bloques que pueden escalar de forma independiente. La señalización de control se separa de los datos del usuario, y las decisiones de gestión se toman de forma distribuida. Todo ese software corre normalmente en centros de datos, no en cada torre de antena.

Network slicing: cortar la red en trozos a medida

Una de las capacidades más distintivas del 5G es el network slicing, la segmentación de red. La idea es que una única infraestructura física se divide en múltiples «rebanadas» lógicas, cada una con sus propias garantías de latencia, ancho de banda o fiabilidad.

El operador puede reservar una rebanada con latencia ultrabaja para el coche autónomo, otra de gran capacidad para el streaming y otra de consumo mínimo para los sensores, todo sobre la misma red física. Es el mismo principio de las máquinas virtuales, aplicado a la red: cada servicio ve su propia red «a medida» sin tener que construir una red aparte.

¿Y la seguridad?

Una red que conecta la mitad de los objetos del planeta necesita cuidar la autenticación. El 5G mantiene el sistema de tarjetas SIM como base de identidad, pero introduce un mecanismo llamado SUCI (Subscription Concealed Identifier): en lugar de enviar el identificador permanente del dispositivo por el aire en claro, se envía una versión cifrada que el operador descifra en el núcleo de la red. Así, un dispositivo que escucha la radio no puede rastrear a un usuario simplemente capturando su identidad de suscripción.

El futuro que ya está aquí

El 5G se está desplegando en paralelo al edge computing (computación en el borde), que acerca los servidores a donde se generan los datos para recortar la latencia. Esa combinación de frecuencias nuevas, antenas que apuntan, software que se virtualiza y una red que se corta en rebanadas es lo que de verdad diferencia a esta generación de las anteriores. La velocidad llamó la atención; la arquitectura es lo que cambiará cómo funciona internet en los próximos años.